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Foto: El Montonero

Sobre el reciente Premio Nacional de Literatura 2025 en la categoría Poesía otorgado a Jorge Pimentel por su libro Jardín de uñas (Fondo de Cultura Económica, 2024)

Escribe: Fernando Obregón Rossi, poeta, escritor, periodista

La reciente concesión del Premio Nacional de Literatura 2025, en la categoría Poesía, a Jorge Pimentel por Jardín de uñas (Fondo de Cultura Económica, 2024) trasciende la mera celebración. Se trata de un acontecimiento de profunda significación histórica y crítica, una ocasión que invita a reexaminar el pulso tenso entre el poeta indomable, las instituciones y la propia evolución de la cultura peruana.

La declaración de guerra

La paradoja central de este reconocimiento se remonta a 1970, con la detonación del poema-manifiesto “Contra los muertos que no comprenden que el juicio final ha llegado”, incluido en su libro Kenacort y Valium 10. Pimentel, erigido en figura central del movimiento Hora Zero, ubicó al inicio de sus imprecaciones a la élite cultural, consignando la proclama que hoy resuena en redes sociales como una aparente inconsecuencia: “CONTRA el Premio Nacional de Poesía.”

Aquella lista, sin embargo, no fue un mero arrebato juvenil; fue una declaración de guerra sin cuartel contra una «academia» pétrea, obstinada en reproducir un canon literario de espaldas al Perú profundo y al asfalto hirviente de las calles. Pimentel y Hora Zero combatían a los que tildaban de «fraseadores», poetas de salón que escribían a puerta cerrada mientras Lima se desmoronaba; luchaban contra las instituciones culturales que solo legitimaban a la élite, contra la tradición rancia, los letratenientes y contra todo lo que fuese estatuario, solemne y ajeno al lenguaje crudo de la rabia y la intemperie.

En los años setenta, el poeta Jorge Pimentel y el movimiento Hora Zero
se enfrentaron abiertamente al establishment literario y crítico.

El contraste de las épocas

Paradoja no es contradicción, aunque vistan del mismo sastre. Para calibrar la furia de Pimentel en 1970, es imprescindible deslindar los contextos: el de la ruptura fundacional de Hora Zero y el momento actual, que certifica el reconocimiento a su obra.

En 1970, la academia fustigada por Pimentel era un bastión inexpugnable. Los galardones de esa época eran percibidos por Hora Zero como el símbolo cristalizado de un sistema literario conservador y excluyente. Era el reducto que premiaba el formalismo y la poesía de cámara, despreciando la estética urbana, el lenguaje descarnado y la Poesía Integral que ellos proponían. Aceptar aquel premio habría sido una traición a su barricada antisistema.

Cincuenta y cinco años después, la geografía cultural ha cambiado de manera radical y para bien, aunque todavía insuficiente. El Premio Nacional de Literatura de hoy es discernido por una institución cuya sensibilidad y jurado han sido irremediablemente modelados por la historia literaria de Hora Zero. La irrupción del poeta y su movimiento forzó una transformación sísmica en el canon literario y la cultura peruana, obligando a la crítica y a la academia a incorporar la crudeza, la marginalidad y la renovación lingüística como valores poéticos fundamentales. Hoy, ese reconocimiento se sella, y de manera rotunda, al honrar Jardín de uñas, un libro que no solo se alza como el mejor poemario peruano del primer cuarto de siglo XXI -según la crítica especializada- sino como uno de los pináculos de la poesía nacional.

Cincuenta años después de su primer libro, Pimentel mantiene intacta su rebeldía
y ha sumado una legión de lectores.

Una victoria táctica y estética

La aceptación del premio por Jorge Pimentel, leída bajo esta luz, no es una rendición personal; es la validación institucional del proyecto estético de Hora Zero. Esta es además, una victoria del movimiento que debe interpretarse en dos niveles irrefutables:

El primero es el nivel estético, pues el premio confirma que aquella poesía antes tachada de periférica, lumpen o «aconchesumadrada» es hoy reconocida como una de las voces más sólidas, necesarias y definitorias de la literatura peruana.

Luego viene el nivel institucional, que demuestra que la crítica implacable de Hora Zero cumplió su objetivo más ambicioso: el sistema se vio obligado a ensancharse y claudicar para incluir al más grande de sus detractores. El galardón, que antaño fue el emblema de la élite que los rechazaba, es ahora el trofeo que atestigua la conquista cultural total del movimiento.

En conclusión, Jorge Pimentel no ha traicionado sus ideales; es el establishment el que ha tenido que postrarse ante su valor. La historia de la literatura es una reiteración de vanguardias que, tras años de lucha a brazo partido, terminan convertidas en los nuevos clásicos. Los horazerianos ya lo habían profetizado en Palabras Urgentes (1970): “Aquí nacerán los nuevos clásicos”, escribieron entonces. El Premio Nacional de Literatura 2025 sella ese proceso de manera oficial, convirtiendo al capitán de Hora Zero en el pilar ineludible de la poesía contemporánea peruana.

Cuando Pimentel en 1970 criticó al Premio, lo hizo desde el futuro, sabiendo que su estética era inevitable. Al ganar el galardón, se rubrica el reconocimiento oficial de que su generación, la de Hora Zero, terminó por cincelar la definición misma de lo que es «clásico» en la poesía peruana. El monstruo académico ha sido subyugado. La extendida rebeldía horazeriana no ha claudicado.

Libro Jardín de uñas (Fondo de Cultura Económica, 2024), ganador del Premio
Nacional de Literatura 2025, en la categoría Poesía.
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