Luis La Hoz: ‘Una flor amarilla’


El poemario Una flor amarilla (Editorial Qwerty, 2020) es un viaje deslumbrante a través de las palabras.

Escribe: Armando Arteaga (*)

Lo primordial en un poema es identificar la poesía en sus acertadas dimensiones.  La crítica constructiva exige una mirada de zahorí, debe tener sentido estético, observación minuciosa, introspección, ponderación, para regir ideas y opiniones. El crítico es en relación al poeta lo que el poeta es en relación a la naturaleza de las cosas. Goethe quería siempre saber “mirar” y “ver”.

Todo debe tener sentido estético, expresaba Benedetto Croce, para encontrar aun en un discreto verso musicalidad, expresión pictórica, estabilidad escultórica, estructura arquitectónica, buscando entender más allá de nuestros ojos, en el registro poético, la verdadera combinación de sonidos y palabras, silencios y estridencias, colores y sombras, para evitar subjetividades, sustentar comprensión y ecuanimidad, ante la gama sentimental que tiene siempre la función creadora de un poeta.

Una flor amarilla (Editorial Qwerty, 2020).

El poeta Luis La Hoz Valle, al enfrentar la presunción poética del idolátrico botánico y el elogio inmoderado del Romanticismo, Simbolismo, Modernismo, y de otros ismos, a través de la historia de la poesía, sabe valorar en mármol la fuerza de las palabras. En la “Aesthética” de Croce: «El arte no es ciencia natural, porque la ciencia natural es realidad histórica clasificada». El poeta viaja admirando las fuentes originales de los clásicos en Una flor amarilla (Editorial Qwerty, 2020), con ese nombre tan cortazariano, sin caer en la acción erudita de los “diletantes” históricos.

La perspectiva, la visión del poeta se da en el lenguaje, en el uso de las palabras, en la interpretación filosófica. Nos acercamos a una fusión simultánea de paisajes como si fueran signos; se valora lo efímero, pero también lo duradero. El poeta “esculpe, cincela, pule”.

La poesía de Luis La Hoz pertenece a la modernidad, tiene originalidad en la composición del vigor de las imágenes. Conforman ese viaje scherzos que se van integrando, emociones reunidas, secuencias concatenadas, que le van dando al poema total la unidad orgánica, una propuesta lingüística y musicalidad a las escenas: hacer sentir la poesía para todo motivo que caracterice su esencia misma.

Tema y anécdota, tempo y tiempo, se desarrollan por igual, para darle contendido real al poema, que reúne una sola obsesión simbólica por la belleza de las cosas. El deslumbramiento por la naturaleza abrupta de la vida es ese viaje. Ir descubriendo el mármol apolíneo de las cosas para transferirlo en un ancestro local arrancándole a la prístina belleza una luz.

En la existencia dura y desconsolada de casi todos los grandes poetas, el encuentro tardo o temprano con la dura realidad ha realizado siempre en la poesía un acto de cierto misterio. El lenguaje misterioso de contemplar las cosas, la admiración profunda de detenerse a observar la inútil rutina de los ríos de la vida.  ■

(*) Armando Arteaga (Piura, 1952), es un escritor y periodista peruano. Ha sido crítico de cine en el diario Expreso y editor de la página editorial del diario Gestión. Es columnista y crítico literario en diversas publicaciones, periódicos, y revistas del país y el extranjero.

UN POEMA DE UNA FLOR AMARILLA

Mejor tú

Que tu recuerdo

Mejor tu recuerdo

Que las mutuas calles vacías

Mejor las mutuas calles vacías

Que un milagro improbable

Mejor un milagro improbable

Que decirle al silencio esta es tu casa

………….

Luis La Hoz, Una flor amarilla

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