Dos cronistas en París


Federico Mould
Federico Mould

Una crónica sobre la amistad y respeto entre el diplomático Federico Mould y el poeta César Vallejo.

Escribe: Joaquin F. Mould

En 1937 el diplomático Federico Mould Távara (1907-1958) le encargó a su amigo, el escritor César Vallejo Mendoza (1892-1938), la redacción de la guía del Pabellón Peruano para de la Exposición Internacional de París. Según el periodista Ernesto More Barrionuevo (1897-1980), esta actividad le tomó a Vallejo únicamente dos mañanas.1 En efecto, Federico Mould, como tercer secretario de la Legación del Perú en Francia, fue el encargado de la implementación del Pabellón Peruano en Paris con motivo de la Exposición Internacional mencionada, que duró desde el 25 de mayo hasta el 25 de noviembre de 1937.

Pabellón peruano para la Exposición Internacional de 1937 en París.

Mould, para ese entonces, ya tenía varios años de conocer al poeta. Las letras y las actividades periodísticas de ambos los habían unido a través de distintos circuitos literarios, primero en Lima y luego en Paris. Federico Mould era hijo de Joaquin Mould Soroa (1877-1936), antiguo agente de aduanas y alcalde del Callao en 1921 y de Rosa Mercedes Távara Godoy (1874-1960) hija del héroe de la sanidad naval, Santiago Agustín Távara Renovales (1840-1897). Estudió en el Colegio Alemán de Lima y posteriormente en la facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos. Prosiguió con estudios de filosofía entre 1928 y 1929 en la Universidad Central de Madrid (Universidad Complutense de Madrid)  y finalmente ingresó al servicio diplomático un 13 de octubre de 1931, siendo incorporado a la Legación peruana en París en 1936.

Tanto Vallejo como Mould escribieron para las afamadas revistas nacionales “Mundial” y “Variedades”. En la revista “Mundial”, Federico Mould inicialmente escribió para el semanario infantil “Pulgarcito” y luego se dedicó a escribir acerca de la escena social limeña de los años veinte. En “Variedades”, una revista con mayor actividad política, social y cultural, Mould también se ocupó de la crónica social de Lima. En ambas revistas publicaba bajo el seudónimo de “Toto”. Por su lado, César Vallejo fue un permanente colaborador de ambas revistas; desde 1925 en “Mundial” y 1926 en “Variedades”, siendo sus crónicas desde París, ciudad a la que había llegado en 1923, las que cobraron mayor notoriedad. Lamentablemente, ambos tuvieron que suspender dichas actividades periodísticas a raíz de la crisis mundial de 1929, tras lo cual ambas revistas dejarían de editarse en 1931.

De igual forma, Mould y Vallejo eran amigos de Aurelio Miro Quesada Sosa (1907-1998), quien ya laboraba en el diario “El Comercio” y quien recibía sus publicaciones enviadas por carta desde Europa. Federico Mould publicaba la columna “La vida en Paris”, la cual mostraba, como señala su sobrina e historiadora Mariana Mould de Pease, lo mundana, abierta, diversa, sutil y exquisita vida que recorría Federico por las calles de la ciudad Luz.2 Estas crónicas parisinas de Vallejo y Mould se escribieron y publicaron principalmente entre los años de 1929 y 1930. Posteriormente, producto del compromiso social adquirido por Vallejo, principalmente después de su segundo viaje a Rusia y que se vio reflejado en sus escritos, estos comenzaron a ser de menor agrado por los lectores del diario “El Comercio” y así sus participaciones en este medio desaparecieron. Su último artículo se publicó el 14 de diciembre de 1930 y versaba sobre las razones económicas de las grandes crisis del mundo. Aun cuando el suplemento dominical, que era el lugar donde ambos corresponsales publicaban en el diario “El Comercio”, cerró en el mismo año que “Mundial” y “Variedades” debido al crack neoyorkino de 1929, las crónicas de Federico Mould continuaron publicándose por un periodo mayor de tiempo.

Revista Variedades.

A manera de ejemplo, referente a las crónicas parisinas, por un lado, Vallejo publicó en 1928: “Todo en París está dentro de lo previsto por la lógica y la razón o dentro de lo que ya se ha visto en las otras ciudades. Nada en París se sale de lo normal. Los transeúntes andan en dos pies, como en todas partes; la lluvia cae, como en todas partes, del cielo. […] El sudamericano, al embarcarse en Valparaíso o en Veracruz, se prometía ver en París cosas maravillosas, fenomenales, cosas auténticas y típicamente “parisienses”: un hombre con tres espaldas; una piedra que habla; una bailarina epicena; un círculo cuadrado; en fin, el movimiento continuo…”.3 Por otro lado, y también a manera de ejemplo, Mould así enunciaba dentro de sus crónicas las noches parisinas de finales de 1939: “Llegan las once como amenaza, se cierran todos, absolutamente todos los establecimientos del placer y distracción. En ningún lugar se baila, ni de día ni de noche. Los noctámbulos recurren a las casas particulares llevando botellas, paquetes y “aburridas” adorables que os hablan con las lágrimas en los ojos de la media docena de amantes que padecen en el frente y a los que les remiten una vez por semana “gorritos de seda”, “pull-overs” y medias de lana gruesas tejidas entre una audición matinal y una alerta matutina. El consolarlas de tanta desdicha es un deber. Sólo nuestros labios pueden secar tantas lágrimas”.2

Ambos escritores, situados dentro del mismo circulo intelectual latinoamericano del Paris de los años treinta, tuvieron la oportunidad de frecuentarse y generar una entrañable amistad. Tanto por las tertulias literarias como en las discusiones entre ambos para el entendimiento de la complejidad humana. Asimismo, Mould atendía gustoso al poeta dentro de la Embajada del Perú, ubicada sobre la calle Kleber No. 50, en el centro de Paris. Tan es así que Federico Mould es quien firma y expide el último pasaporte peruano del Vallejo.

Pasaporte de Cesar Vallejo firmado por Federico Mould Távara

Con el paso de los años, la salud de César Vallejo se resquebraja, teniendo que ser hospitalizado en sucesivas ocasiones. La última se daría unos días antes de su muerte, acontecida el 15 de abril de 1938. Federico Mould no sólo fue el aval de Vallejo para que pueda ser ingresado y asistido en la Clinique Générale de Chirurgie de Paris en dicha última oportunidad, sino que además fue la última persona que lo vio con vida.

César Vallejo falleció en la pobreza y su amigo Federico, de una mejor posición económica, fue quien afrontó parcialmente sus gastos médicos en coordinación con la Legación del Perú en Francia.

El primer testimonio acerca de la muerte de Vallejo fue escrito precisamente por Federico Mould y publicado en el diario “El Comercio” el 01 de mayo de 1938, donde señaló lo siguiente: “Ayer me cogía de las dos manos, entre las suyas amarillas y escuálidas, consumidas por la miseria y por la fiebre… Una figura atormentada… y de sus labios deformados por la agonía, han salido estas palabras: “¡Qué horror! el final… Vallejo,como todos los espíritus que se asomaron a la profundidad del corazón humano, era un hombre bueno«. Mould estuvo también presente junto al poeta en sus últimos meses de vida, lo que se confirma con los cables diplomáticos entre la Legación del Perú en Paris y la cancillería en Lima, entre los meses de marzo y abril de 1938, en donde se lee que el diplomático se ocupó personalmente de la protección sanitaria de César Vallejo, así como su reembolso correspondiente, ya que muchas veces este dinero salía de su propio fondo personal.

El periodista José Vadillo Vila, en una publicación en el diario “El Peruano” de 2012, se refería a este hecho de la siguiente forma: “Durante su estadía en la Ciudad Luz, en los años setenta, el poeta Reynaldo Naranjo (1936-2020) pudo acceder a los archivos de la Embajada del Perú en París. Y buceó durante semanas hasta dar con los cablegramas de marzo y abril de 1938 que enviaba Federico Mould, de la Embajada, hacia la Cancillería en Lima, y viceversa, donde se requería y autorizaba el gobierno del Perú dineros para solventar el pago de médicos, clínica, inclusive a Georgette Vallejo, y el pago al fotógrafo Emile Savitry por sus fotografías y la elaboración de la máscara mortuoria del poeta.”4

Algo circunstancial fue que, ese mismo 15 de abril de 1938, Mould pretendía festejar el cumpleaños de su madre, quien había llegado recientemente a París desde Lima y a quien no veía hacía muchos años. No obstante, Federico Mould prefirió quedarse al lado de su amigo fallecido y asistir a la viuda, Georgette Philippart Travers (1908-1984), en los distintos tramites y procedimientos hospitalarios, así como los relacionados con el entierro del autor de “Trilce” en el cementerio de Montrouge.

Vallejo y Georgette Philippart.

Posteriormente, la misma viuda Georgette, confió en Federico Mould, sólo meses antes de la invasión alemana de Paris de 1940, para proporcionarle algunos manuscritos inéditos de César Vallejo para su custodia y buen recaudo, sabiendo que los mismos podrían ser destruidos en manos de los nazis. Lo anterior debido a que los ocupantes alemanes solían perseguir a miembros y simpatizantes de los partidos comunistas en Europa. Los manuscritos fueron guardados en la Embajada del Perú en Francia durante toda la ocupación y fueron rescatados por el mismo Federico Mould después del cautiverio sufrido por toda la delegación diplomática peruana acreditada en Francia en la localidad de Bad Godesberg, Alemania, entre 1943-1944. Fue el mismo diplomático quien los llevó a Lima años después y los mantuvo en su residencia de “El Olivar” de San Isidro.

Federico Mould falleció en la ciudad de Lima casi 20 años después que Vallejo, un 22 de abril de 1958, justo cuando unos pocos días antes su amigo y colega Raúl Porras Barrenechea (1897-1960), quien en ese momento era el ministro de Relaciones Exteriores, lo había nombrado ministro plenipotenciario del Perú ante la Organización de las Naciones Unidas. 

Georgette, la viuda de Vallejo, viajó a Perú en 1951 y el Estado Peruano le otorgó en 1958 una pensión vitalicia (aunque diez años después se la retiraría). Posterior a la muerte de Federico Mould, su viuda Elodie Barras Garcin (1896-1984), curiosamente también francesa, entregó dichos manuscritos en 1972 al sacerdote Gerardo Alarco Larrabure (1907-1996) para que los hiciera llegar a la Biblioteca Nacional del Perú, donde hoy se encuentran. Éste hecho lo documenta claramente el investigador arequipeño Enrique Ballón Aguirre en el 2018: “Una copia fotostática del “Acta de Presencia” ante el notario Ricardo Ortiz de Zevallos con fecha 18 de enero de 1972, firmada por el sacerdote Gerardo Alarco Larrabure y el Director de la Biblioteca Nacional del Perú Dr. Estuardo Núñez Hague, concerniente a la donación que hacía el padre Alarco Larrabure –en nombre de la Sra. Elodie Barras Garcín de Mould, esposa del diplomático Federico Mould Távara de la Legación del Perú en Francia– a dicha Biblioteca, de una serie de “trabajos inéditos de César Vallejo”; allí se aclara: “dejándose a salvo desde luego lo que pueda o deba percibir por concepto de derecho de autor la viuda de nuestro ilustre poeta, señora Georgette de Vallejo” y que el notario numera “las páginas de la documentación que se encuentran escritas a máquina desde la número uno hasta la número cuatrocientos sesentiuno”.5

De esta forma, cerramos el relato de una amistad entre ambos cronistas peruanos admiradores y bohemios de la ciudad de Paris de inicios del siglo XX, quienes con su talento les narraron y trasmitieron a sus contemporáneos, sus propias vivencias y percepciones del viejo mundo a los lectores limeños de antaño. Poéticamente, ambos escritores pudieron despedirse en vida, generoso premio a una honesta amistad. Como señaló el propio Federico Mould a la muerte de su amigo: “El poeta muere… la leyenda comienza”. ■

1 Ernesto More. Huellas Humanas, Editorial San Marcos 1954, pág. 55.

2 Mariana Mould de Pease. Un Señor de la Amistad. Diario “El Comercio”. Dominical. Lima, 05 de junio de 1988. Pág. 8-9.

3 César Vallejo. Sociedades coloniales. Revista Mundial, 410, 20 abril 1928 (II, 578-580).

4 José Vadillo Vila. El Vallejo que reía. Homenaje a la Personalidad Desconocida del Poeta Universal. Publicado en el diario “El Peruano”, el 17 de marzo de 2012.

5 Enrique Ballón Aguirre. Manuscritos poéticos de César Vallejo. Edición diplomática. Textes et cultures, Vol. XXIII, Nº 2. Paris 2018. Pág. 620.

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