Eduardo Navarro: Una vida dedicada al teatro


Eduardo Navarro, teatro

La creación del Teatro de la Federación Universitaria de San Marcos (TFUSM) ocurrió una mañana de octubre de 1968 en el Patio de Letras de la Universidad, de manera informal y sin ningún protocolo. Eduardo Navarro, un estudiante de Letras de 20 años que también había estudiado en el Instituto Nacional Superior de Arte Dramático (INSAD), le hizo saber a José Carlos Vértiz, entonces presidente de la Federación Universitaria de San Marcos (FUSM), la necesidad de contar con un teatro de carácter crítico y no oficial en la universidad. Vértiz, tras pensarlo brevemente, lo miró y le dijo: «Pues entonces organiza el Teatro de la Federación Universitaria de San Marcos», y se fue. A partir de ese momento, Navarro puso manos a la obra y el resto es una historia que él mismo relata a continuación.

Escribe: Eduardo Navarro Ibañez

En esa época, en nuestra casa de estudios, existía el Teatro de la Universidad de San Marcos (TUSM), dirigido por el Dr. Ugarte Chamorro, que era el teatro oficial de la Universidad. No obstante, nuestra aspiración siempre fue la de crear un teatro alternativo y popular.

Nuestro primer montaje fue «Confusión en la prefectura», de Julio Ramón Ribeyro. Posteriormente, llevamos a escena «El soplón», de Bertolt Brecht, «Utopía», de Jean Costeau, «El collar», de Víctor Zavala Cataño, «Mister Beige al desnudo», una creación mía, y «La ciudad dorada”, del Grupo de Teatro La Candelaria-Bogotá”.

El grupo inicial del TFUSM estuvo integrado por Roberto Arias Flores, Tessie Vargas Giles, Leo Solís, Roberto Barriga, Roberto Tello, Vilma González, Willy de la Zotta, Martha Jiménez y quien escribe. En ambientes improvisados, formamos juntos un grupo de estudios donde leíamos, debatíamos e intercambiábamos opiniones sobre los libros revolucionarios de la época, como «El foro de Yenan sobre arte y literatura» de Mao Tse Tung, «El artista y su época» de José Carlos Mariátegui y “Crítica al sistema de Stanislavski», de los jóvenes dramaturgos que surgieron en la Revolución Cultural Proletaria en China, entre otros textos.

El siguiente paso fue asegurarnos un espacio fijo para ensayar, para ello convertimos el Aula 3B de la Facultad de Educación en el Teatrín Bertolt Brecht. Al tener un lugar propio, establecimos la primera Escuela de Teatro Universitario, donde ofrecimos cursos como Práctica Escénica, Expresión Corporal, Impostación de Voz, Maquillaje y Fundamentos del Teatro Popular.

Recuerdo con claridad que Víctor Prada impartía el curso de Expresión Corporal, y Aurora Bustamante estaba a cargo de Maquillaje. Ambos habían estudiado conmigo en el INSAD. También recuerdo que Jorge Álvarez Bocanegra, un estudiante con mucho talento y vitalidad, fue alumno de esa primera escuela de teatro universitario.

En los meses siguientes, los miembros del TFUSM nos movilizamos por todas las facultades de San Marcos, buscando contagiar nuestro entusiasmo, y así logramos montar más obras como «Un día en la vida de Pepe» y «Mr. Beige al desnudo». En estas últimas, aplicamos las técnicas del Teatro del Oprimido, del teatrista brasileño Augusto Boal (1931-2009).

El teatrista brasileño Augusto Boal nos brindó una valiosa ayuda a través de su libro «Categoría del Teatro Popular», el cual nos permitió abordar la aplicación de las técnicas del teatro Épico Dialéctico de Brecht en nuestra realidad de país semifeudal y semicolonial, con una burguesía nacional débil y temerosa.

Influenciado por el Teatro Épico de Bertolt Brecht y la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire, Boal se convirtió en nuestra herramienta para desarrollar teatro en todos los espacios y para todas las clases sociales, es decir, para los sectores populares.

Nota del editor: Podríamos definir el teatro promovido por Augusto Boal como «el teatro de las clases oprimidas y para los oprimidos, destinado a impulsar la lucha contra estructuras opresoras».

Quiero destacar que, desde aquella conversación en el Patio de Letras que tuve con José Carlos Vértiz, a quien cariñosamente y con respeto llamábamos «Cocho», la FUSM nunca nos impuso una línea a seguir en nuestro trabajo teatral, cultural y artístico, otorgándonos total independencia de pensamiento y acción. En todo caso, quiero dejar constancia de que desde 1968 hasta 1976, cuando me aparté de la institución debido a mi viaje a México, el Teatro de la Federación Universitaria de San Marcos (TFUSM) mantuvo su independencia política de la cultura oficial, siendo su única relación con grupos de dirigentes estudiantiles, sindicales, comunales, de los pueblos jóvenes y con los sacerdotes católicos progresistas.

Tiempos de efervecencia política. La foto corresponde a las elecciones donde José Carlos Vértiz fue elegido presidente de la Federación Universitaria de San Marcos (FUSM).

LA EXPANSIÓN A NIVEL NACIONAL

Con la incorporación de nuevos miembros, el TFUSM asumió nuevos desafíos y, en coordinación con Duberlí Rodríguez, elegido en 1973 como presidente de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), se emprendieron giras a nivel nacional, se organizaron talleres, se presentaron obras de teatro y, en general, se sembraron las semillas para que, en distintas partes del país, fueran los propios estudiantes quienes fundaran sus teatros universitarios.

Se llevaron a cabo festivales de teatro en San Marcos (1972), en la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa (1973) y en Huamanga (1975), donde se logró congregar a más de 50 grupos de teatro universitario, popular y de grupos independientes de diferentes regiones. Fue en esta ciudad donde se fundó y fui elegido presidente de la Federación Nacional de Teatro Popular (FENATEPO), cargo que desempeñé simultáneamente con la dirección del Teatro de la Federación Universitaria de San Marcos (TFUSM).

Recuerdo con nostalgia la ciudad de Huamanga, con su cielo siempre azul y la sonrisa amigable del campesino. Sus iglesias, el mercado central, su tradicional plato de puca picante, sus sabrosos panes chaplas, el chicharrón con papa y hierbabuena, la chicha de jora, el hermoso huayno huamanguino. Siempre llevaré en mi corazón ese recuerdo de Huamanga, con mi bella esposa Tessie y mis hijos Vladimir, Kathianita y Iosef, con chapas rojas en sus caritas de niños.

Tessie Vargas Giles, Eduardo Navarro y sus hijos Vladimir, Kathiana y Iosef.

EL PLANO INTERNACIONAL

En el plano internacional, ocurría el movimiento de Mayo del 68, en Francia, la Revolución Cultural Proletaria, en China, los movimientos estudiantiles, en México, la lucha de Argelia por su independencia de Francia, la Guerra de Vietnam y la Revolución Cubana. Los estudiantes entonces admirábamos el rol de intelectuales y activistas como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y el dramaturgo Jean Genet, en Francia. Lo cierto es que el panorama mundial se expresaba la fuerza de los jóvenes. En el Perú se vivía un contexto de represión debido al gobierno militar y el movimiento estudiantil protestaba en las calles contra el Decreto Ley 17437, de 1969, que pretendía restar autonomía a las universidades y reprimía la actividad política de los estudiantes, entre otros recortes de derechos que impedían que las universidades cumplan su misión de compromiso y crítica social en beneficio del desarrollo del país  

EL TEATRO SALE A LA CALLE

El 2 de enero de 1971, presentamos mi obra «La historia de Teodoro Huamán” en la Plaza Unión. Se trata de una obra que, utilizando técnicas del teatro popular de Augusto Boal y manejando la ironía y la crítica, ridiculiza a los personajes relacionados con el poder político. Al mes siguiente, hicimos lo propio en la Plaza San Martín, compartiendo ese espacio todas las noches de 6 a 8, con los mimos Jorge Acuña Paredes, Mario Valdez y Lucho Deza.

El mimo Jorge Acuña en los días del teatro callejero.

Por primera vez, estábamos llegando en vivo y en directo a un público realmente popular. Los dirigentes barriales, comunales y sindicales que presenciaban la puesta en escena de “Teodoro Huamán” en la Plaza San Martín, nos invitaban para presentarla en sus respectivas bases.

Nota del editor: A continuación, presentamos el testimonio de Gustavo Pérez Hinojosa, quien participó como parte del público en los días en que Eduardo Navarro y su elenco salían a buscar a los espectadores en las plazas.

“Vendedores ambulantes, estudiantes, desocupados, jubilados y transeúntes se concentran en un círculo en la plaza San Martín para escuchar la historia de Teodoro Huamán Tumba-Tumba, que llegó a Lima desde la sierra, como muchos, en un camión junto con reses y ovejas. De pronto, dos jóvenes, uno tras otro, cruzan corriendo el círculo de espectadores. Uno va vestido de policía y el otro de civil. “¡Ladrón, ladrón!”, se escucha decir al policía, y luego cruzan nuevamente el círculo de espectadores corriendo, pero esta vez el policía es el que corre delante, contando un fajo de dinero, mientras que el ladrón va detrás de él, diciéndole: “¡Déjeme algo, pe, jefe!”. La atención del público está lograda. La gente se identifica con esa historia, una historia cotidiana.

En la siguiente escena, entra en el círculo un “gringo” (Eduardo Navarro) vestido de levita (traje de etiqueta hasta la rodilla) y, mirando a todos, exclama: “¡Oh! Esta ser Lima, cuanto “guanaco” (auquénido). Entonces el actor que representa a Teodoro Huamán se acerca y le pregunta: ¿Quién eres? El “gringo” responde que es el Tío Sam y que ha venido a inspeccionar sus dominios, además, le exige al poblador local que le rinda pleitesía. Entonces, Huamán le hace varias reverencias, diciéndole: “En nombre del Gobierno y del Estado peruano, en nombre de sus FF.AA. y su PNP, en nombre de la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Industrias, la Sociedad Nacional de Minería, ADEX, etc”. Y cuando el “gringo” se está regocijando por el servilismo expreso de su interlocutor, Huamán cambia de discurso y arremete: “¡En nombre de la clase obrera, del campesinado, de los estudiantes y pobladores marginales!”, propinándole una gran patada en las posaderas, con lo que el público estalla en risas y aplausos. Se ha realizado el sortilegio, el ritual mágico del teatro: el “gringo”, el misti, el Wiracocha, solo es un hombre como ellos, y el pueblo no tiene por qué rendirle pleitesía. La lección es que ahora podrá enfrentarlo de igual a igual, en la fábrica, en la mina, en la hacienda”.

LOS VIAJES AL EXTRANJERO

En 1976 tuve la oportunidad de viajar a México, invitado por el Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística de la Universidad Nacional Autónoma de México (CLETA–UNAM), para participar en el Festival de Teatro Latinoamericano en la Ciudad de México. Me nutrí de las propuestas y los fundamentos de los grupos de teatro de la región, conocí el Palacio de Bellas Artes en el centro histórico y escuché música clásica en la Casa del Lago Juan José Arreola, en el bosque de Chapultepec, y a los mariachis en la plaza Garibaldi.  Empecé a querer a México, su historia, su cultura y a su pueblo.

En 1979, viajé a Alemania invitado por el Instituto Internacional de Teatro (ITI-UNESCO) de Berlín, una institución que contribuye en la formación de los teatristas de Asia, África y América Latina. Mis mentores en Alemania, Reiner y Alicia Madrischeski, me contaron que mis méritos para obtener la “Beca de Teatro del Tercer Mundo” eran producto de mi labor teatral al frente del TFUSM, de la creación de la FENATEPO, una organización gremial a nivel nacional, y por las actividades del teatro de la calle. Guardo muchos recuerdos de los teatristas de Hamburgo, Stuttgart y Berlín y, en especial, del Dr. Gunter Erken, quien fuera mi maestro durante el tiempo que estuve en la República Federal Alemana.

Mirando atrás, pienso que ha sido un largo y fructífero camino el que he recorrido. Sin embargo, también creo que queda pendiente para las nuevas generaciones la tarea de investigar el proceso y desarrollo del teatro popular en nuestro país.

***

De regreso al Perú, en 1984, Eduardo Navarro funda el Centro Peruano del Teatro, una institución de formación teatral y actividades de desarrollo y crecimiento personal en a que laboró hasta el día de su partida.

Folleto de la obra Eva no estuvo aún en el paraíso, de Estela Luna, dirigida por Eduardo Navarro y montada por Instituto de Teatro y Psicología, fundado el 1 de octubre de 1984, el mismo que luego devendría en el Centro Peruano de Teatro (CPT).
Eduardo Navarro y sus alumnos del Centro Peruano de Teatro.

Hablan sus alumnos

“Tuve el honor de aprender tanto de ti en mi adolescencia en el Centro Peruano de Teatro. Gracias a tí me formé como Profesora de Expresión Corporal para Teatro, mientras estudiaba aún 5to de media en el colegio. También fuiste un gran amigo a quien se podía recurrir cuando se necesitaba un consejo. Siempre positivo y alentándonos. ¡Te debemos tanto!”. Elna Morante, psicoterapeuta.  

“Tenía apenas 13 años cuando comencé mi camino en las artes escénicas de la mano de Eduardo en el Centro Peruano de Teatro (CPT). Eva No Estuvo Aún En El Paraíso, escrita por Estela Luna, fue la primera obra de teatro producida por él en la histórica Sala Alcedo en el Centro de Lima, Perú en 1985”. Yuri Cunza, Presidente y CEO, Cámara de Comercio Hispana de Nashville (NAHCC-USA).

“Fue un privilegio haber sido su alumna, querido profesor, gracias por todo lo aprendido”. Liz Canchari Tello.

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